lunes, 10 de junio de 2013

Perdida del camino.

Una pequeña joven que vivía una vida perfecta, rodeada de amigos y familiares, buenas notas y dedicada a lo que le gustaba. Una vida casi perfecta según la sociedad, ¿pero ella?.. Se encontraba perdida de sí misma, de su propósito. Solo buscaba agradar a todos en su alrededor, así su opinión no importará. ¿Hacía lo correcto? Ella pensaba que sí, pero se hacía daño y no quería demostrar lo que pasaba en su interior. Una vida casi perfecta pero no para ella. «Nadie tiene una vida perfecta, nadie. Todos esconden algo.» Pensaba todas las noches.


Aquella joven, no sabía si fingir que nada pasaba o seguir ocultando lo que sentía. ¿Podría soportarlo? Tal vez, si era fuerte. ¿Viviría así toda su vida? Ella estaba cansada. Cansada de ser la que todos busquen para solucionar sus problemas, pero ella incapaz de siquiera compartirlos. Cansada de llevar la carga de todos, cuando no podía ni con la suya. Cansada de que su único consuelo fuera un libro. Cansada de que aunque quisiera solucionar los problemas de todos, quisiera mantener todo tranquilo y que todos estuviesen bien, no lo lograba. Siempre había un precio que pagar. ¿Ella lo pagaría? ¿Y las personas por las que luchaba, porque no luchaban ellos? ¿Porque aquella joven tenia que cargar con todo el peso y los demás vivían tranquilos? ¿En realidad, tendría tanto amor y paciencia? 

No le dolía complacer a los demás, realmente, ayudaba en lo que pudiera. En todo lo que le pidiese, prestar un lápiz, ayudar a una compañera con sus estudios, ser consejera de sus amigos que nunca aprendían la lección, para todo.. Le costará tiempo, esfuerzo, trabajo, lo hacía. Pero, ¿lo hacían por ella? ¡En absoluto! Aquella joven se arruinaba dando y dando, mientras sentía la desesperación de no recibir nada. ¿Tan justa es la vida? «Todo pasa por algo, todo tiene una recompensa así como tiene un sacrifico..» Se decía cada noche cuando no podía dormir.

Aquella joven quería tener voz propia, quería ser escuchada y entendida. ¿Porque no decía lo que sentía? ¿Porque el miedo? Simplemente, tenía miedo a cambiar. No sabía como encontrar la manera de ella ser feliz y los demás también. Ella solo quería ser buena amiga, buena hermana, buena hija, buena estudiante y ofreció tanta ayuda, que la utilizaron para lo que quisieran sabiendo que nunca diría 'no'. 

Esa joven no sabía que hacer, pero tomo una decisión. Fuera buena o fuera mala. Un día se despertó, tras un suspiro, se sentó al borde de su acolchonada y cómoda cama, mira a su al rededor y dijo en un susurro: «Hoy será un día diferente.». Llego al instituto, y sin preámbulos una compañera fue a pedirle su cuaderno de Literatura para copiar los ejercicios. Ella se los hubiera dado, pero le costo mucho terminarlos todos, ¿por que tendría que darselos? Se limito a explicarle como hacerlos, y dejo que su compañera se solucionará. Mantuvo la misma determinación el resto del día. En la salida, todos murmuraban sobre ella. Sentía las mirabas encima, sentía que los chismes y las criticas abofeteaban su debil rostro. Solo había dicho indirectos 'no' pero dando una ayuda. No quería ser mala y egoísta, solo quería ayudar de una forma distinta. Hacer que los demás se esfuercen como ella lo hacía.

Al caer la noche, se acostó en el mueble de su cuatro. Mirando el techo, pensaba y pensaba. ¿Sería la manera o no? Tenía que cambiar, lo sabía. ¿Pero que tenía que cambiar?.. Despues de largas horas, llamo a su madre y le contó todo. Aquella madre vio como su hija sufria, como guardaba secretos que eran mas grandes que ella, como cargaba peso, como se esforzaba para ser excelente sin ayuda de nadie y sintió culpa. Abrazo a su hija como nunca lo había hecho, ¿era una buena madre? ¿Como no pudo darse cuenta? Tantos consejos que su hija necesito, tantas abrazos, tantos regaños y tantas horas de madre e hija que ella nunca se molesto en otorgarle. 

Aquella joven, no vivía una mala vida, ni tenía pensamientos suicidas. En absoluto, era viva, era alegre, era un sol. Parecía frágil pero era fuerte. Su problema estaba en el agotamiento. No es fácil cargar con tanto peso, ¿cierto? Cargar con la cruz de todos, cuando Jesús tuvo ayuda a cargar la suya. Eso necesitaba ella, ayuda. 

Esta joven, encontró su voz. Empezo con su madre, luego con sus mejores amigas y luego todos la sintieron. Todos supieron que no era esa joven que podían pisotearla una y otra vez, sabiendo que ella siempre estaría dispuesta. Si, seguía estando dispuesta. Pero ella no pagaría todo el sacrificio. Aquella joven, comenzó a vivir una vida sin esconderse. Era imperfecta, ella lo sabía y no era un secreto. Aquella joven, solo necesitaba que una persona se dedicará a oírla. Una vez. Solo eso pedía, solo eso buscaba. Muchos la escuchaban, o fingían hacerlo. Pero como quien dice, por un oído les entraba y por el otro salía. Palabras que no llegaban a ningún lugar. Ella necesitaba alguien que sintiera lo que ella sentía. Encontró a ese alguien, y siguió así. Ayudando, y siendo como siempre había sido. PERO dejando escucharse, dejando que ella decidiera, dejando que ella se limitara. Nunca sabremos como le fue a esta joven, pero supongo que encontró lo que buscaba. Aunque se desvió del camino en el que andaba... Muchas veces, esos necesitamos. Salir del camino donde estamos, perdernos para poder encontrarnos.

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